Extinguir o Prohibir
Mi relación con la tauromaquia, siempre ha sido y será de amor, de un profundo y recíproco amor, desde el día número uno, me enamoró cada parte de ella, sus olores, arte, historia, paisajes; cada momento rodeado de tauromaquia apapacha mi corazón, lo calienta como hacen las cobijas a los nenes.
Podría paso a paso describir cómo fue este primer contacto y como no fue una herencia familiar aunque el patriarca de la misma fuese aficionado, podría describir cómo fue que coincidí un día en la Plaza México y me enamoré, conocí emociones que no conocía y que a la fecha solamente un buen tercio me hace sacar, emociones que disfruto en su totalidad, y de las que me duele en demasía confesar estar dispuesto a dejar de sentir.
En el momento más oportuno de mi adolescencia nos encontramos la tauromaquia y yo, y paso a paso, de la mano de la persona que me encaminó en este mundo artístico, descubrimos a la par el mismo, nos enamoramos de cada parte y cada experiencia que tenía el toro por ofrecernos. Me convertí con mis vocaciones naturales de discutir y tener la razón, en un buen defensor de los toros, no había argumento que me hiciera poner en duda mi genuina pasión por ese arte; a la fecha no ha habido persona que invoque argumento tal que me haga silenciar o convencer, que a mi juicio sea por mis valores morales un argumento superior a los que soy capaz de exponer; fui con el tiempo blindando mis argumentos a los ataques generales, y fui creando un sólido y convincente discurso a favor del arte de la tauromaquia, hoy día lo tengo ensayado y preparado para cualquier ocasión.
Si bien, no ha habido persona que logre silenciar mi pasión, y a sabiendas de este amor que tengo, he logrado rodearme de personas que me aman así, y me consideran amigo sin juzgar y apoyando la persona en la que me he venido convirtiendo, y que al día de hoy tiene una inconformidad consigo misma.
Mis amigos se han convertido en un reflejo de las buenas decisiones que he tomado en los últimos años, mis relaciones sentimentales y su sana conclusión son otro reflejo, busco por una convicción propia, la coherencia en la mayor cantidad de aspectos que rodean mi vida, a sabiendas de que esto es imposible, no hay manera de hacer todo bien y eso, es humano y está bien; como he expresado en intervenciones anteriores no podemos flagelarnos por los errores de nuestro pasado, no podemos vivir culpándonos por haber sido o haber actuado de determinada manera, debemos aprender de eso, y saber ser críticos y responsables respecto a nuestras acciones.
Mis argumentos a favor de la tauromaquia llegaron a encontrarse en mi consciente contra mis ideales actuales, y son los únicos que han podido hacerme dudar respecto a mi genuina pasión; estoy profundamente convencido de que el toro de lidia es criado desde su nacimiento rodeado de todos los cuidados que un ganado de su especie pueda merecer, a lo largo de su extensa vida es mimado y satisfecho en todos sus placeres, desprendido cuando naturalmente él lo decide del lecho materno, creciendo rodeado de sus hermanos, primos y padres, lo he visto, y he visto que antes de salir al ruedo el animal se encuentra en perfectas condiciones de salud, de fortaleza; sé también que el toro de lidia es un animal bravo por naturaleza, tan fiero como un león o un búfalo agresivo por instinto; de su belleza sé que es admirable y es aplaudida, el toro de lidia es lo más importante que tiene la tauromaquia, sin él y sin su muerte la fiesta brava no existiría; lo esencial que considero la muerte (cuando sea el caso) hace aún más complicadas mis emociones encontradas, no puedo llegar a un punto medio en donde acepte una tauromaquia venida a menos con tal de “satisfacer” mis ideas moralistas.
Lo que me hace sentir ver una persona vestida de luces, conocer la labor de manufacturar estos trajes, pararse derechito y hacer que el animal le vaya al trapo, para mí es magia, la manera de hacerlo, la manera de arriesgar todo por satisfacer lo que mas aman en el mundo me parece un acto de amor mayúsculo, y ver a ambos, toro y hombre fundirse como uno y crear, sacan las hieles más profundas de mí, hieles que solo son superadas por los arranques que me han sacado mis autores predilectos o los discursos históricos; los toros lo tienen también.
Sin embargo, como ya se ha venido anunciando, logré cuestionarme a tal punto de hacerme dudar, encontré el argumento que a mi juicio rompe todas las ideas que aprendí a defender, las rompen los valores sobre los que recaen mis decisiones, valores que hoy me han hecho muy feliz, me han hecho más coherente y más amado; y realidad es que la crianza amorosa de un ser vivo no nos hace poseedores de él, la crianza mimada y con la firmeza del destino no nos hace propietarios del ser vivo que engendramos, como los padres, no disponen de sus hijos pues son seres autónomos, el toro de lidia también lo es, y el ganadero taurino no es por ninguna razón, inclusive las jurídicas, quién para disponer hasta la forma de morir de su ganado, aunque como dije, sea su inevitable destino, o se cree que toda la existencia de la raza tiene una única razón de ser, la de crear el arte de la tauromaquia.
Con esto nos alejamos, de una dimensión humana necesaria y con la cual podemos formular una sociedad más crítica y más consciente de su alrededor; y sé también que los toros, por las razones equivocadas están destinados a desaparecer, por más pasión que aún exista, el toro tiene contados sus días hasta que el legislador los prohíba y arranque de tajo la pasión de millones. Y ojo aquí, no es lo mismo extinguir que prohibir, propongo una extinción natural a la fiesta brava, una extinción digna y que sus apasionados hablen de ella con nostalgia; la prohibición por otro lado es asesinato.
Desde mí, no me van a dejar de gustar los toros, no podría, no podría negar que amo las sensaciones, los olores, los paisajes, las personas, los ruidos, el toro y el olé; pero sí dejaré con mucho dolor de ser aficionado a la fiesta más bonita de todas, dejaré que se extingan por no cuadrar en una sociedad plural y consciente, a la que prefiero pertenecer coherente, me alejaré en medida de lo posible, de las notas y de las plazas, pero sabe que te amo y que el vínculo que tengo con el toro no se destruye, solo se extingue.
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