LA REAPERTURA DE LA MEXICO DEPENDE DE NOSOTROS

 

Los animalistas están salvando la fiesta de los toros y no lo saben, los animalistas en su intensa lucha por defender la vida del toro de lidia, han revivido las corridas de toros en el recinto más grande del mundo, la Monumental Plaza de Toros México ha albergado cuatro festejos inolvidables, y no necesariamente por la calidad de las faenas, sino por la respuesta que ha tenido la afición de la capital mexicana a la cita que ha dado la empresa a estos festejos, cita que no hubiera sido tan espectacular y tan política, si un capricho mal fundado en lo jurídico no hubiera interrumpido las corridas de toros en la Monumental; la reapertura de la Plaza México ha convocado a decenas de miles de personas a ver eso, corridas de toros, la prohibición y la falta de toros, hicieron que la respuesta de la afición fuera espectacular, respuesta que no se hubiera logrado sin la suspensión de veinte meses sin espectáculos taurinos en la citada plaza.

No fui un niño hijo de aficionados, o cercano a los toros, yo llegué a ellos por casualidad, cuando a penas tenía quince años, un treinta de enero de dos mil once vi torear a Juli y cortarle el rabo a un astado de Xajay, de regalo, con un tendido lleno y un general a tres cuartos, la única vez que vi volar los cojines de éxtasis, Julián destapó la esencia de la fiesta aquella tarde que se hizo noche, me cautivo y me hizo aficionado, trece años después aun conservo el boleto de acceso a esa fila dieciocho del segundo tendido de sombra, así este aficionado que no dejó de ir a los toros, durante esos años, únicamente llegó a ver esa plaza llena, “hasta el reloj” en dos ocasiones, cuando toreó la leyenda José Tomás. José Tomás es en el mundo del toro, lo que García Márquez a la literatura, lo que Federer al tenis, lo que Dalí a la pintura, lo que Sor Juana al soneto, lo que Messi al fútbol; lo que quiero decir, es que tenía que venir el mejor de todos los tiempos, para llenar el coloso de insurgentes, no había cartel en el mundo que juntara cuarenta mil almas a ver una corrida de toros, solamente lo hacía el hombre que más extraordinariamente ha toreado en la historia; esto disculparán, habla muy mal de la afición, pero creo habla todavía más, de la evidencia del destino de la fiesta brava en la Ciudad de México, destino que vio un cambio cuando fueron prohibidas las corridas en la Benito Juárez.

Los animalistas tienen razón, pero no saben porque, y en aras de eso, sus argumentos se derriten en las conversaciones y en los tribunales, las corridas de toros revivieron gracias a la prohibición sobre ellas, porque en la reapertura hubo un entradón, en la corrida del domingo cuatro de febrero prácticamente llena la plaza, y el cinco, aniversario, llena, completamente, con un cartel, que con el respeto que se merecen sus integrantes, no era para llenar la plaza, no se me malinterprete, qué bueno que se llenó, ojalá, hayan salido nuevos aficionados estos días, inclusive, una corrida de mujeres toreras, en viernes, mitad de quincena, recibió una convocatoria notable, lo único que no ha sido notable, es el toreo proporcionado en todos los festejos, pero eso es tema de otro texto, las corridas de toros están más vivas que nunca, y lamentablemente está en la afición hacer que no se extingan como venían haciéndolo, la empresa, la gente que rodea el mundo del toro, deben de la mano, continuar y desplegar sus amplios esfuerzos para que estos tendidos no se vuelvan a ver vacíos.

Porque, Francis Wolff ya lo ha dicho acertadamente, no es lo mismo prohibir que extinguir, si hubieran los animalistas dejado que se extinguieran los toros naturalmente, estarían hoy (los toros) en muchas menos bocas, que en las que están con la reapertura de la plaza, la prohibición llevó al aficionado a los tendidos, a los políticos a ver la derrama económica que generan los toros, con lo poco que les gusta el dinero, animalista, gracias, reviviste la fiesta que estaba por extinguirse con tu prohibición mal fundada, mostraste como hace muchos años, que la afición por los toros, es muy mexicana y los toros en la capital de México, se ven y se sienten, como en ningún otro lugar en el planeta. 

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